viernes, 13 de febrero de 2015

¿Por qué no puedo?



“Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, así que le pidió al jefe de oficiales que no lo obligara a contaminarse.” Daniel 1:8

Nosotros estamos en este mundo pero no hacemos parte de él y no podemos dejarnos influenciar por él.
Ahora imagine a Daniel, un jovencito que llega en un palacio, la reacción normal sería “voy a aprovechar todo lo que hay aquí”, “comeré de todo, probaré, viviré lo que nunca viví”, ese sería el pensamiento normal de cualquier ser humano que recibe una oportunidad tan destacada, y de convivir con personas importantes e influyentes. Pero él no era común, su fe estaba viva, encima de cualquier deslumbramiento de este mundo.
¿Por qué se negó a comer del banquete del rey? No era porque no quería comer bien, pero sí porque eran animales condenados por los judíos, y él obedecía, no quería ir en contra de la ley de Dios, decidió no comer animales considerados inmundos o hasta mismo ofrecidos a otros dioses.

Daniel decidió firmemente, que significa de manera contundente, o sea, sin espacio para discusión, sin vuelta atrás, no habría manera de convencerlo.
O sea, él decidió no dejarse influenciar por una nueva cultura, costumbres paganas; en otras palabras, él decidió:
- preservar la identidad de Dios (aún estando en un país diferente y con personas que servían otros dioses)
-  mantenerse alejado de cosas impuras
- guardar la fe y la buena conciencia
- obedecer a Dios en todo
- y de ese modo mantener su comunión con Dios

Y todo eso porque él vivía y andaba en espíritu, como hablé en el texto anterior, por eso tenía discernimiento espiritual, no se dejaba eludir con lo que sus ojos estaban viendo o deseando, aquella vida de lujuria y bien estar; su pensamiento jamás huyó de su objetivo, él nunca olvidó quién era y a quién pertenecía.
Debemos tener cuidado, pues a veces si no estamos atentas, vienen los pensamientos: “¿Cuál es el problema? No tiene nada de malo”, “No veo nada malo en eso, es normal”, cositas pequeñas que quieren desviar nuestro foco y cuando vemos ya fuimos contaminadas.
Son tales cosas malas las que vienen disfrazadas de buenas, son nocivas, pero la primera impresión es que son inocentes, pero allá adelante traen consecuencias desastrosas.

¡Besotes!

2 comments:

Emilia Orioni dijo...

Cuanta verdad, hay cosas que parecen tan insignificantes, que ni siquiera parece pecado.La Biblia es clara cuando dice que todo me es licito mas ni todo me conviene, por eso debemos vigilar en absolutamente todo para no caer en las tentaciones de este mundo.

Diana Montes dijo...

No es fácil renunciar nuestra propia voluntad pero no es imposible, cuando realmente es la intensión que existe dentro de nuestro corazón vale la pena cualquier sacrificio con tal de agradar a Dios porque tenemos la certeza que la recompensa será mayor y eterna.

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