lunes, 26 de junio de 2017

¿Pastor o mercenario?


“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.” Juan 10:11-12

El Señor Jesús se compara al buen pastor, que da la vida en rescate de sus ovejas.
Él las guarda, alimenta, guía y protege contra los predadores.
Por otro lado, si hay buenos pastores es porque también existen los malos.
Esos son los asalariados, que solamente trabajan por dinero y no por amor a las almas.
Los siervos que no tienen un amor verdadero por las almas, no se interesan con el estado de sus ovejas. Los que realizan la Obra de Dios para recibir un salario, o pensando en su propia vida y bienestar, con certeza no están dispuestos a hacer ningún sacrificio por las personas que necesitan de su ayuda y dirección.
Estos son aquellos que no oran por el pueblo, no se interesan en saber el sufrimiento de las personas, no se despertarían por la madrugada para orar por los afligidos, mucho menos sacrificar su franco si fuera necesario. Ellos apenas cumplen sus horarios, fuera de eso viven sus vidas normalmente, sin siquiera pensar en aquellos que dependen espiritualmente de ellos.  Y cuando viene el “lobo”, son los primeros en huir y abandonar el rebaño, el cual queda desprotegido y expuesto a todos los peligros.
Estos son los mercenarios, que no son pastores, así los describe la Palabra de Dios.
Es muy diferente trabajar por un salario y trabajar por amor. Quien verdaderamente ama las almas, se da por ellas en oración, ayuno, vigilia, atendimientos, visitas y todo lo que pudiera hacer en favor de los afligidos. Este es el buen pastor, el que se preocupa con el bienestar de sus ovejas y aun cuando no está cerca de ellas, su pensamiento y oración las acompañan, pues tiene conciencia de que las ovejas dependen de su pastor.

¡Medite en cómo ha sido su servicio en la Obra de Dios!




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jueves, 8 de junio de 2017

Ejemplo de siervo – Él era manso y pacífico


 
“Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.” Marcos 15:39


Nuestro ejemplo de Siervo dio buen testimonio hasta en el momento más difícil y agonizante de su existencia terrena.
El centurión, que era líder del servicio militar romano, asistió al sufrimiento del Señor Jesús hasta Su muerte. Él quedó impresionado con la manera en la que el Mesías soportó todo dolor y sufrimiento.
Con Su conducta mansa y pacífica, el Señor Jesús ganó almas hasta en la hora de la muerte.
Aun siendo un hombre pagano, el centurión reconoció que Él era verdaderamente el Hijo de Dios. 

Eso nos enseña que, así como el centurión confesó que el Señor Jesús es el Hijo de Dios debido a Su proceder delante de todo lo que sufrió, las personas a nuestro alrededor deben ser testimonio de nuestro buen comportamiento, para que, aunque ellas no manifiesten la fe en Dios, Lo reconozcan en nuestras vidas.
Es fácil ser mansa, amorosa, paciente y educada cuando todo va bien, no hay dificultad en eso.
Mientras tanto, son muchos los que avergüenzan al Señor cuando las cosas no le favorecen, cuando la situación es difícil o simplemente cuando son contrariadas.
En esos momentos, ellas se tornan agresivas, groseras, maldicientes y nerviosas, demostrando un comportamiento contrario al que han profesado.

Son mansas y pacíficas si todo está bien, de la manera que le agrada, cuando no sufren una injusticia ni se sienten ofendidas. Caso contrario, aquella mansedumbre desaparece instantáneamente. Piense ahora en su reacción cuando alguien le irrita, pisa en su callo, es injusta con usted, le habla de forma grosera, la contradice, etc.
Veamos nuestras reacciones delante de cada situación que vivimos, pues ellas nos muestran lo que realmente está dentro de nosotras.
Ser manso cuando todo es de nuestro agrado es muy fácil, difícil es mantenerse pacífica delante de las tribulaciones e injusticias de la vida.
Fue eso lo que Jesús hizo ¡Por eso Él es admirable!


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lunes, 5 de junio de 2017

Fe X Obras




Nosotros seremos salvos por la fe en Jesús y no por la cantidad de buenas obras. Mientras tanto, una fe sin obras no es real, si digo que tengo fe pero no la materializo o no tengo coraje para efectuarla ¿Qué benefició habrá? ¡Ninguno! Sería como tener corazón y que él no funcionara, estaría dentro de mí, pero no me daría vida.

Sin el uso de la fe, la persona sigue repleta de problemas y con la vida destruida. No me refiero solamente a las conquistas físicas, sino que hasta para alcanzar la Salvación es necesaria la fe. No sirve tener fe y no hacer uso de ella para dejar el pecado, las tradiciones y la religiosidad, y así obedecer la Palabra.

La fe genuina y sobrenatural, concedida por el propio Dios, nos impulsa a actuar y no a quedar de brazos cruzados. Ella nos muestra que no existen barreras que no podamos ultrapasar, aunque las circunstancias demuestren lo contrario.
No podemos mostrar nuestra fe con palabras, pero por medio de la transformación de nuestra vida es posible colocarla en evidencia, aun sin hablar nada.

Claro que esta fe viene por la obediencia a la Palabra de Dios, nadie que vive en desobediencia es poseedor de la fe sobrenatural, ella es la fuerza del Espíritu Santo dentro de cada uno de nosotros y la única que tiene el poder de cambiar nuestra vida, comenzando por nuestro interior.

 “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17)



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domingo, 28 de mayo de 2017

El arte de callar

 

El silencio es un momento de gracia vivificante, en que la criatura se calla, pero el espíritu habla.



Callar sobre su propia persona, ES HUMILDAD



Callar sobre los defectos de los otros, ES CARIDAD.



Callar cuando se está sufriendo, ES HEROÍSMO.



Callar durante el sufrimiento ajeno, ES COBARDÍA.



Callar delante de la injusticia, ES DEBILIDAD.



Callar cuando otro está hablando, ES DELICADEZA.



Callar cuando otro espera una palabra, ES OMISIÓN.



Callar y no hablar palabras inútiles, ES PENITENCIA.



Callar cuando no hay necesidad de hablar, ES PRUDENCIA.



Callar cuando DIOS nos habla al corazón, ES SILENCIO.



Callar delante del misterio que no entendemos, ES SABIDURÍA.



Necesitamos saber dosificar, las horas en que debemos callar y los momentos que necesitamos hablar.



Hablar es plata y Callar es Oro…



Autor Desconocido



“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.” Santiago 1:19

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martes, 23 de mayo de 2017

¡No logro hacer amistades!



Muchas personas tienen dificultades en hacer amistades, otras parecen que los demás se alejan por su manera de actuar o de ser. Vea si usted tiene algunas de las características de abajo que puedan provocar que los demás no quieran ser su amiga.
1.     Timidez – si usted tiene dificultad de aproximarse de las personas, conversar, entonces es difícil hacer amistades.
2.     Egoísmo – la persona que sólo piensa en ella misma, sólo quiere recibir y nunca dar, jamás podrá ser una buena amiga.
3.     Critica – vivir criticando todo lo que sus amigas hacen es muy desagradable, sea comprensiva y no juzgue.
4.     No es atenta – cuando sus amigas más necesitan de usted, nunca está para ayudar, en la realidad usted sólo quiere compartir los buenos momentos y nunca se hace presente en las horas difíciles.
5.     Implicación – está siempre haciendo comentarios desagradables, que lastiman y están fuera de lugar.
6.     Es antipática – nunca está de acuerdo con nada, no es animada, por lo contrario siempre está en contra de todo.
7.     No es abierta a nuevas amistades – usted sólo quiere tener una amiga, se cierra a nuevas amistades y no permite que las personas se aproximen a usted.
8.     Es súper desconfiada – tal vez por haber tenido una mala experiencia en el pasado, ahora usted no confía en nadie, cree que nadie le va a ofrecer una amistad sincera, piensa que la usarán y después le harán sufrir.  
9.     Indiscreción – por ser indiscreta no es confiable, por este motivo las personas no quieren ser sus amigas.
10. Mal Humor – nadie tiene placer de estar cerca de una persona que está siempre mal humorada. Es muy desagradable convivir con alguien que siempre está con la cara fea, sin sonreír. Cuidado, pues ese comportamiento aleja a las personas de su lado.  

¿Le gustaria agregar algo a esta lista?

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domingo, 14 de mayo de 2017

¡No bajo mi cabeza para nadie!



Por increíble que parezcan esas palabras, salieron de la boca de una jovencita que dijo desear hacer la obra en el Altar.
Después de recibir una orientación sobre determinada actividad que iba a ser realizada y al ver que iba en contra de sus planes en aquel día, ella simplemente dijo que no iba a hacerlo pues ella no bajaría la cabeza para nadie.
Decidí entonces escribir este post, pues si existe por ahí alguien más con ese pensamiento, déjeme decirle que usted no está lista para servir a Dios en el Altar, ni tampoco en el atrio.
Una sierva de Dios es consciente de que la voluntad de Dios y Su dirección deben ser seguidas y nunca podemos colocar la nuestra frente a la de Él.
El propio Señor Jesús dejó eso bien en claro en Su Palabra:
 “Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.” Juan 6:38

Si usted, por algún motivo piensa que no precisará sujetarse a nadie, que su voluntad va a prevalecer, no acepta respetar a las autoridades instituidas por Dios, sepa que no le irá bien en la obra de Dios ni en ningún lugar. Pues como todas sabemos, no somos absolutas, la vida no gira en torno a nosotras mismas, desde niños necesitamos sujetarnos a nuestros padres, profesores, oficiales de seguridad, etc.
Si no estamos dispuestas a hacerlo, mostramos rebeldía, no respetamos a nadie y lo único que nos importa es hacer nuestra voluntad.
Eso revela una falta de temor, y cuando no existe temor, tampoco existe el nuevo nacimiento.
Ya escribí varias veces sobre eso, la obra en el Altar exige renuncia total, nosotras no elegimos dónde vivir, con quién vivir, no podemos hacer planes y si los hacemos debemos estar conscientes que ellos pueden cambiar por causa de la obra de Dios. Nosotros tenemos personas por encima de nosotros, son nuestros responsables y debemos respeto a ellos.
Quien piensa que podrá hacer lo que bien entiende y decidir  su propia vida, aun no entendió lo que es servir a Dios y someterse a Él.
Si desea hacer su voluntad entonces no está dispuesta a bajar la cabeza para nadie, sepa que va a enfrentar muchos problemas por el camino, porque en esta vida nosotros necesitamos humildad para proseguir y relacionarnos con las demás personas.
¡Piensen en eso amigas, para que no sufran más tarde!


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lunes, 8 de mayo de 2017

Tristezas




Todos pasamos por momentos tristes, a veces por atravesar un problema personal y otras veces porque sentimos el problema de alguien más.
Luchas, dificultades y tribulaciones todas pasamos, lo que no puede suceder es que permitamos que la tristeza esté por encima de nuestra fe y confianza en Dios.

Cuántas personas que eran fervorosas en la fe, al vivir un problema, se desanimaron de tal manera que desistieron de Dios. La tristeza consiguió sofocar su fe en Dios, lo que era todo en su vida, ahora no representa nada.
Ella está indignada, decepcionada, culpa a Dios por sus problemas y no quiere más buscarlo.

Eso muestra que su amor por Él estaba condicionado a las circunstancias. Cuando todo iba bien, ella Lo amaba, Lo buscaba, tenía placer de ir a la Iglesia, pero ahora con lo que sucedió, ella Le dio las espaldas completamente. Hay veces que aun estando dentro de la iglesia, ella se encuentra lejos del Señor, existe un resentimiento contra Él.
¡Cuidado amigas! No podemos caer en el error de ser interesadas, Dios siempre será Dios y nosotras sus siervas. Nuestra dedicación a Él y nuestro temor tienen que seguir iguales en los momentos buenos y malos. De eso también depende nuestra salvación.

En tristeza David buscó a Dios:
 “De angustia se me derrite el alma: susténtame conforme a tu palabra.” Salmos 119.28


Y usted amiga ¿Ya dejó que una tristeza la alejara de la presencia de Dios? ¡Comparta con nosotras!

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