martes, 24 de marzo de 2015

Un cuento japonês


Hola amigos, ¿todo bien? Que Dios bendiga cada semana a cada uno de ustedes. Hoy les traje un cuento de mis antepasados, jiji, de los japoneses. Encontré este cuento muy interesante y lo compartiré con ustedes, ¿vamos a leerlo?

Érase una vez, hace muchos años, un hombre llamado Señor Paja. Él no tenía casa, ni mujer, ni hijos. A decir verdad, él sólo tenía la ropa de su cuerpo. En la realidad, parecía ser que el Señor Paja no tenía suerte en la vida. Era tan pobre que a veces no tenía nada qué comer, y era bien flaco como una simple paja. Ese era el motivo por el cual lo llamaban así.
Todos los días el Señor Paja iba a la iglesia a pedir ayuda a Dios, pero nada sucedía. Hasta que un día, indignado, él hizo una oración de indignación pidiendo ayuda a Dios. Luego de la oración, el Señor Paja escuchó una voz suave que decía: -La primer cosa que usted va a tocar al salir de aquí, es la llave para su bendición.

El Señor paja se llevó hasta un susto. Se refregó los ojos, miró a su alrededor y vio que estaba bien despierto y que en la Iglesia sólo estaba él. Aún así, él salió y pensó: “¿Será que soñé o de verdad oí la voz de Dios?” En la duda, él corrió hacia afuera de la Iglesia, para ver si encontraba algo que podría ser la llave para su bendición. Pero, en el apuro, se cayó de las escaleras y cuando se levantó, percibió que él tenía una cosa en la mano. Era una espiga de paja. “Bueno”, pensó él, “una paja no vale nada, pero si Dios habló que sería la llave para mi bendición entonces es mejor guardarlo”. Y allá fue él, con la paja en la mano.

Poco después, apareció una libélula zumbando alrededor de su cabeza. Él intentó alejarla, pero de nada sirvió. La libélula zumbaba incansablemente alrededor de la cabeza de él. “Muy bien, si no se quiere ir, puede quedarte conmigo”, pensó él. Entonces agarró la libélula y la ató al hilo de la paja. La libélula quedó pareciendo un papalote volando. Y él continuó su camino con la libélula amarrada a la paja. En su camino, encontró una florista, que iba camino al mercado con su hijo pequeño. Cuando el niño vio la libélula volando amarrada al hilo de la paja, el rostro del pequeño se alegró:

-Mami, ¿me compra una libélula así?- exclamó- ¡por favor!
“Bien”, pensó el Señor Paja, “Dios me habló que esta paja sería la llave para mi bendición, pero ese pequeño estaba tan tiste que creo que quedará más feliz con ese regalito” Y le dio al pequeño la libélula presa a la paja.
-Usted es muy bondadoso- dijo la florista- No tengo nada para darle a cambio, sólo una rosa ¿usted acepta?
El señor Paja le agradeció y continuó su camino, llevando la rosa. Caminó un poco y vio un joven sentado en el tronco de un árbol, agarrándose la cabeza entre las manos. Parecía tan infeliz que el Señor Paja le preguntó que le había sucedido.
-Hoy a la noche le pediré a mi novia matrimonio- Se quejó el joven- pero soy tan pobre que no tengo nada para ofrecerle.
-Yo también soy pobre- le dijo el Señor Paja- No tengo nada de valor, pero si usted quiere puede darle esta rosa a ella. Toma, ahora es suya. El rostro del joven se alegró y dio una sonrisa al ver la espléndida rosa.
-Quede con estas tres naranjas, por favor - le dijo el joven- Es todo lo que le puedo dar a cambio.
El Señor paja le agradeció y continuó su camino, llevando tres suculentas naranjas. En seguida se encontró con un vendedor ambulante empujando una pequeña carroza.
-¡Ei! ¿Usted podría ayudarme?- Le dijo el vendedor ambulante, exhausto. - He empujado esta carroza durante todo el día, y tengo tanta sed. Creo que voy a desmayar. Necesito un trago de agua.
-Creo que no hay ningún pozo por aquí, pero si usted quiere puede chupar estas tres naranjas - dijo el Señor Paja.
El vendedor ambulante quedó tan agradecido que agarró un rollo de la más fina seda que había en la carroza y se la dio al Señor Paja, diciendo:
-Usted es muy bondadoso, por favor acepte esta seda a cambio.

Y una vez más, el Señor paja le agradeció y continuó su camino, con el rollo de seda debajo del brazo.
No llegó a dar dos pasos, a lo que vio pasar una princesa en un carruaje. Tenía un mirar preocupado, pero su expresión se alegró al ver al Señor Paja.
-¿De dónde saco usted esa seda?- Preguntó ella - Es justo lo que estoy buscando. Hoy es el cumpleaños de mi padre y quiero darle un quimono real.
-Bien, ya que es su aniversario, tengo el placer de ofrecerle esta seda - le respondió.
La princesa no podía creer en tamaña suerte.
-Usted es muy generoso - le dijo sonriendo - por favor acepte esta joya a cambio.
El carruaje se alejó, dejando al Señor Paja con una joya inestimable en valor, brillando con la luz del sol.
“Muy bien” pensó él, “comencé con un hilo de paja que no valía nada, y ahora tengo una joya. Dios tenía razón, aquella paja era la llave para mi bendición”.
Llevó la joya al mercado, la vendió y con el dinero compró una plantación de arroz. Trabajó mucho, aró, sembró, cosechó y cada año la plantación producía más arroz. En poco tiempo, el Señor Paja quedó rico.
Pero la riqueza no lo cambió en nada. Él siempre ofrecía arroz a los que tenían hambre y ayudaba a todos los que lo buscaban, y así continuó siendo el mismo Señor Paja de siempre.

Que historia tan interesante, ¿no es así? Podemos sacar muchas lecciones de aquí:
1.     Oiga la voz de Dios y crea en ella, aunque usted no entienda ¡sólo crea!
2.     Haga su parte. No quede preso a nada, camine, salga adelante.
3.     Recuerde siempre que es mucho mejor dar que recibir, pues quien da, ¡recibe! Inclusive hablando de Jesús a alguien que necesite. Evangelice.
4.     No cambie su buena esencia. Aún después de ser bendecido, continúe siendo humilde.

Y ustedes amigas, ¿Qué otra lección aprendieron de esta historia? Comparta con nosotros.
Un abrazo a todas, ¡Nos vemos la semana que viene! God bless you!!



Juliana Furucho 

2 comments:

Anónimo dijo...

Hola Sra Juliana! Muchas gracias por compartir con nosotras ese cuento, que deja mucho por reflexionar, primero como es nuestro comportamiento, estamos siendo egoísta? El egoísmo a sido un enemigo de la Obra de Dios. Personas que mirar en su propia necesidad, y si dan, es por sacar provecho. Dar es la cualidad num 1 del Sr Jesus, dar sin esperar nada, dar con todo el placer! Y es dando que se recibe, pero recibiendo o no, no podemos perder esa esencia!!!

diana moreira dijo...

Hola señora lo que entendí es que aquel hombre hizo que Dios le bendijera cuando el no acepto mas vivir de la misma manera, buscar a Dios y tener una vida como si no lo buscara, cuando el se indigno llamo la atencion de Dios.

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