viernes, 23 de octubre de 2015

Experiencias del Altar – Yendo a otro país




Hola, mi nombre es Josiane. Cuando entré en la obra de Dios como esposa de pastor tenía 19 años, tuve la oportunidad de conocer una gran mujer de Dios que me enseño mucho y una vez estaba conversando con ella y me dijo:
-Josiane, la obra de Dios comenzará para usted el día en que salgan de su Estado, lejos de su familia, el día en el que usted mire para el costado y no vea ningún rostro conocido.
En aquel momento aquellas palabras no tuvieron mucho sentido para mí.
Pasaron casi dos años después de esa conversación que llegó el día en que fuimos elegidos por Dios para irnos a otro país.
No sentí tristeza por estar saliendo de mi país, sino todo lo contrario, sentía una enorme alegría por tener ese privilegio. No sabíamos cuándo iríamos a ver nuevamente a nuestros familiares, ni mucho menos cómo sería vivir en otro país.
Después de dos días ya estábamos en nuestra nueva casa, Uruguay, un país lindo que aprendí a amar desde el primer día.
Cuando llegué, recordé las palabras de aquella esposa, yo estaba en otro país, otra lengua y ningún rostro conocido.

En los primeros días todo era nuevo, la ficha parecía que no me había caído, pero después vinieron los sentimientos extrañando a la familia, a las amigas y la dificultad del idioma, que al principio yo no entendía ni una palabra.
Mientras tanto, las esposas de Uruguay me ayudaron mucho y me recibieron de brazos abiertos.
Cuando llegamos a un lugar desconocido para nosotros, necesitamos de alguien hasta para ir al mercado, pues nadie te entiende y ni usted conoce la moneda local ni los productos.
Pasado un mes fuimos a comenzar un trabajo en una nueva iglesia, mi esposo ya había tomado clases de español durante un mes, por eso yo no sabía casi nada, pero fuimos en la fe. Cuando las personas llegaban en la iglesia, yo era la única obrera de mi esposo y también era la única educadora de la escuelita, y ambos los únicos evangelistas. Aun así ni la dificultad en el hablar nos paraba, íbamos por las calles evangelizando, aunque en el comienzo yo sentía mucho dolor de cabeza intentando entender lo que las personas decían.

Fue difícil, pasamos por dificultades y muchas veces tuvimos que optar por comer buena comida o pagar el colectivo para llegar a la iglesia, pues vivíamos en otra ciudad, entonces elegíamos con alegría parar el colectivo pues sabíamos que nuestro sacrificio sería retribuido en almas para el reino de Dios.
Estuve 8 años en ese país, pasamos por varias iglesias y vimos el resultado de nuestro trabajo en almas salvas para el reino de Dios, valió la pena todas las luchas, lágrimas y el sacrificio de estar lejos de la familia y de nuestro país.
Agradezco a Dios por esta experiencia que nos hizo madurar y nos hizo más fuerte. 



2 comments:

Maribel dijo...

Muchas gracias por compartir esta experiencia Sra. Aveces muchas de las jovenes y me incluyo pensamos que la obra es facil, mas es sacrificio mismo. Esto nos ayudara para prepararnos alas que quieren hacer la obra de Dios.

Dios la siga bendiciendo mucho mas en el nombre de Jesus! 😘

Monica Aveiro dijo...

Es verdad cuando uno da sin esperar nada a cambio Dios te da bendiciones que una ni esperaba eso. Y la mayor alegria es ver la persona sanada y libre del mal, convertida para el Señor es una alegria que no tiene explicacion.

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