miércoles, 27 de mayo de 2015

Hermana como hija - La tormenta


¡Hola queridas! Daremos continuidad al post de la semana pasada, entonces para usted que no leyó, le pido que lea aquí con el fin de entender la secuencia de mi historia.
Como había dicho, adoptar un niño no es un sentimiento sino una acción, de las cuales muchas de las veces no estamos preparados para asumir las consecuencias. Pero lo que nos mueve nos hace vencer los desafíos.
Los días, meses habían pasado y cada vez amábamos más a aquella niña, y por fin parecía que no había más presión de la niñera ni de su padre biológico. Pero no siempre fue así, cuando menos lo esperábamos la señora aparecía de nuevo haciéndole la cabeza al padre para llevarse a Ana Filipa de regreso, pero en esa fase, tanto ella como nosotros, ya estábamos totalmente adaptados, y la lucha continuaba por la adopción. Su  madre desde el primer día firmó, pero su padre sin querer saber de la niña aún así se negaba a firmar, y en medio de tanta burocracia la niña estaba en juego.
Tuvo que haber mucho amor, paciencia, comprensión y sobre todo oración y colocar a Dios al control de todo.
Ahí comenzó verdaderamente nuestra guerra, pues la niña tuvo que volver a ir a lo de la niñera y lo peor de todo era que durante los días que ella iba debía quedarse a dormir. Viví momentos angustiantes, pues no sólo por mi sino que sobretodo fue por ella que ya estaba acostumbrada a nosotros, ¡y ahora debería volver a acostumbrarse a todo lo nuevo!
Las semanas habían pasado, el dolor aumentaba, sólo pensando que la niña estaba sufriendo estando lejos de nosotros, habían momentos que dudaba en si tendría fuerzas de quedar con ella.Yo era muy joven, tenia tan sólo 17 años y asumí aquella responsabilidad, sabia que Dios había sido quien me la había dado y que yo no podía desistir.
Recuerdo que cierta vez entre a mi cuarto y derramando mi corazón delante de Dios pregunté "¿Por qué  Dios la colocó en mi camino para luego sacármela de nuevo?"
Yo me acostaba y  despertaba pensando en ella, no logro explicar el tamaño de mi amor por ella en tan pocos meses, pero sabía que Dios tenía un propósito muy grande para ella y que yo estaba incluida en él, y eso nadie lo podía robar de mi interior.
Recuerdo que pasé muchas noches llorando, el dolor era inmenso, pero en la oración todo se resuelve, y así finalmente ella regresó y nunca más fue para la niñera, ella desistió de esa idea.
Ana iba creciendo y todo iba bien, pero nosotros siempre estábamos inseguros pues su padre en un momento decía que firmaría la adopción y en otro momento no firmaba, era una verdadera guerra.
Después de aquel día las luchas no terminaron, pero no me rendí delante de ellas, sabía que tenia como aliado al propio Dios, que la colocó en mi camino.
Cuán lindo era ver el crecimiento de ella y sin traumas aparentes, ¡Hasta que algo sucedió!
Cuando tenia cuatro años el padre de ella se acuerda de decir que quería que ella fuese con la madre biológica, imagine ¿como podría? Estaba con nosotros hacía cuatro años, a pesar de que su madre no tenía el mínimo de condiciones en todas las áreas, ¿como deshacer los lazos creados? Aunque Ana se dio cuenta de esta incertidumbre de nuestra parte, y aunque no sabía exactamente lo que estaba pasando, ¡yo sabía que algo no estaba bien!
Fue cuando un día el padre nos tocó el timbre y nos amenazó que se llevaría a la niña o sino mataría a todos, que tenía un arma con él. Imagina mi familia que nunca tuvo problemas con nadie, ¡estando ahora en una situación amenazadora!
En aquel momento me dio una indignación tan grande que ore y le dije a Dios que no aceptaba aquello. Ana se escondió del miedo debaje de la mesa del comedor, mis padres estaban con ella y yo misma me fui a enfrentar aquel gigante. Descendió sobre mi un espíritu de osadía, confieso que ni pensé en las consecuencias, no tuve tiempo para eso, pues mi fe gritaba más alto.
Lo enfrenté y le dije que lo que tenía que decirle sin intimidación, y le hice pensar sobre esa actitud errada, al final ellos decidieron darle la niña, y si él realmente la quería, tenia que mostrar eso con actitudes y dejarla quedar con la nueva familia de ella, si quería que fuese para la madre biológica, tendría que haberlo pensado antes de dárnosla.
Pero Ana quedó muy asustada después de ese día, y aunque ella nunca más se alejó de nuestro lado, en ella se instaló un miedo, pues nunca había tendió seguridad.
Hicimos algo sobrenatural para mantenerla siempre junto a nosotros, no medimos esfuerzos para protegerla. A pesar de todas las luchas, en ningún momento pensé en volver atrás, al final yo veía cómo el diablo actuaba por querer el alma de ella, pero por otro lado vi el alma que Dios confió en mis manos con el fin de conducirla al camino de verdad, y eso me dio una fuerza inquebrantable.
Para la semana que viene continuará, pues aún hay mucho en esta historia por contar. No pierda ningún post, y deje aquí su comentario, he leído cada uno y han sumado mucho en mi vida
¡¡Besos dulces, hasta pronto!!
Catia Rubim

1 comments:

Daiana Rios dijo...

Cuanta fe y cuanta determinacion en esta historia..es un ejemplo de lucha... no importan las adversidades, el diablo va insistir muchas veces, pero nosotros tenemos que seguir firmes en la presencia de Dios... un gran ejemplo a seguir...

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