Qué bueno poder recordar y relatar esa elección que hice, de aceptar el llamado
de Dios para el Altar. En el año 1997 yo conocí a mi esposo y nuestra
comunicación era sólo por teléfono fijo, ya que él había sido transferido a
otro estado, y en aquella época aún no existía el celular. Entonces fue así
nuestro noviazgo, un noviazgo por teléfono.
Delante de todo esto, ¡yo tenía que tomar una decisión que cambiaría mi
vida!
Yo estaba estudiando y preparándome para ser una profesora, y el 20 de
noviembre de 1998 iba a ser mi graduación tan esperada, ya estaba en el
escenario y con un lugar garantizado como profesora en un óptimo colegio en el
turno de la noche. Durante el día yo trabajaba con mi hermano, en la escuela de
mi padre, una escuela de Informática en la que yo era secretaria y cuidaba de
la parte financiera, de todo lo que ingresaba y salía de la escuela; y por el
otro lado mi hermano era profesor. Mi padre trabajaba en San Pablo y ya hacían
3 años que no lo veía, hasta que la empresa fue transferida y él volvió a vivir
en casa y la familia ya estaba unida de nuevo, eso fue en diciembre de 1997.
Muchos planes tenía mi padre con todos nosotros, sus hijos. Yo
trabajaba, estudiaba, era obrera, vivía muy bien, en mi casa siempre tuve
personas que cuidaban de la casa, la limpieza, la ropa; yo vivía bien, y
conociendo a un pastor que supuestamente sería mi marido, yo me vi delante de
todo eso, sabiendo que la vida de una esposa de pastor es sacrificio. Hable con
mi padre, y él no aceptó, sólo mi madre me dijo: ¡piensa bien y toma tu
decisión!, ¡mi padre hasta me ofreció un auto si yo desistía de eso! Pero
busqué a Dios de todo corazón y fuerzas cada día que yo llegaba a la Iglesia, y
allí venía la confirmación para el Altar, el deseo de llevar a otras personas
aquello que Dios hizo en mi vida que era el bien mayor, mayor que: auto,
graduación, bienes, familia y deseos personales, y me lancé, no desistí de ser
aquello para lo que nací: sierva de Dios y una Escogida para el Altar.
Entonces el 14 de noviembre
de 1998 me casé, 6 días antes de graduarme yo renuncie a todo eso para ganar
almas y por la certeza de que los planes de Dios para mi vida eran reales, ¡era
este!
Yo quise hacer la Obra de Dios para ser una ofrenda viva, ¡y hoy estoy
orgullosa de esta elección!
Hoy puedo decir: que no perdí nada, ¡yo gané! Gane muchas almas para
Dios y estoy aquí firme y fuerte, con la misma fe de aquel día, el cual Dios me
escogió para el Altar y eso ya hace 16 años atrás, y 14 años que estoy casada.
Mi llamado fue antes de ser esposa de mi marido, y hoy juntos somos más fuertes
y luchamos por el mismo propósito y objetivo: ¡Servir a Dios en el Altar!
Debora de Amazonas, Brasil
7 comments:
isso ai mesmo,na fé!
Que bacana!!!
es muy buena su historia sra por que siempre debemos toma la desicion sin llevarnos por la emocion sino aquello que realmente creemos correcto y Dios coloca una prueba ante de una bendicion , que esa es la forma de demostra que en verdad queremos
es verdad aquel que es llamado para el altar tiene certeza de eso, y las iluciones de este mundo o los bienes no nos hacen cambiar de decision de lo que realmente queremos y por lo que vamos a hacer para toda nuestras vidas, Ganar almas para Jeus.
Es una historia muy linda y nos deja un aprendisaje muy bueno de renuncia para hacer la voluntad de Dios
Me encanto servir al Señor Jesus siempre va a ser la mejor eleccion de todas...
Un ejemplo verdadero Señora, el no cambiar el llamado por ninguna cosa en este mundo, esa es la buena parte la que no nos será quitada.
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