viernes, 2 de mayo de 2014

El Altar o un auto?


Qué bueno poder recordar y relatar esa elección que hice, de aceptar el llamado de Dios para el Altar. En el año 1997 yo conocí a mi esposo y nuestra comunicación era sólo por teléfono fijo, ya que él había sido transferido a otro estado, y en aquella época aún no existía el celular. Entonces fue así nuestro noviazgo, un noviazgo por teléfono.
Delante de todo esto, ¡yo tenía que tomar una decisión que cambiaría mi vida!
Yo estaba estudiando y preparándome para ser una profesora, y el 20 de noviembre de 1998 iba a ser mi graduación tan esperada, ya estaba en el escenario y con un lugar garantizado como profesora en un óptimo colegio en el turno de la noche. Durante el día yo trabajaba con mi hermano, en la escuela de mi padre, una escuela de Informática en la que yo era secretaria y cuidaba de la parte financiera, de todo lo que ingresaba y salía de la escuela; y por el otro lado mi hermano era profesor. Mi padre trabajaba en San Pablo y ya hacían 3 años que no lo veía, hasta que la empresa fue transferida y él volvió a vivir en casa y la familia ya estaba unida de nuevo, eso fue en diciembre de 1997.

Muchos planes tenía mi padre con todos nosotros, sus hijos. Yo trabajaba, estudiaba, era obrera, vivía muy bien, en mi casa siempre tuve personas que cuidaban de la casa, la limpieza, la ropa; yo vivía bien, y conociendo a un pastor que supuestamente sería mi marido, yo me vi delante de todo eso, sabiendo que la vida de una esposa de pastor es sacrificio. Hable con mi padre, y él no aceptó, sólo mi madre me dijo: ¡piensa bien y toma tu decisión!, ¡mi padre hasta me ofreció un auto si yo desistía de eso! Pero busqué a Dios de todo corazón y fuerzas cada día que yo llegaba a la Iglesia, y allí venía la confirmación para el Altar, el deseo de llevar a otras personas aquello que Dios hizo en mi vida que era el bien mayor, mayor que: auto, graduación, bienes, familia y deseos personales, y me lancé, no desistí de ser aquello para lo que nací: sierva de Dios y una Escogida para el Altar. 

Entonces el 14 de noviembre de 1998 me casé, 6 días antes de graduarme yo renuncie a todo eso para ganar almas y por la certeza de que los planes de Dios para mi vida eran reales, ¡era este!
Yo quise hacer la Obra de Dios para ser una ofrenda viva, ¡y hoy estoy orgullosa de esta elección!
Hoy puedo decir: que no perdí nada, ¡yo gané! Gane muchas almas para Dios y estoy aquí firme y fuerte, con la misma fe de aquel día, el cual Dios me escogió para el Altar y eso ya hace 16 años atrás, y 14 años que estoy casada. Mi llamado fue antes de ser esposa de mi marido, y hoy juntos somos más fuertes y luchamos por el mismo propósito y objetivo: ¡Servir a Dios en el Altar!

Debora de Amazonas, Brasil


7 comments:

Maricelia Brandao dijo...

isso ai mesmo,na fé!

dulci freitas dijo...

Que bacana!!!

Yaxiomar Cabriles dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yaxiomar Cabriles dijo...

es muy buena su historia sra por que siempre debemos toma la desicion sin llevarnos por la emocion sino aquello que realmente creemos correcto y Dios coloca una prueba ante de una bendicion , que esa es la forma de demostra que en verdad queremos

antonela dijo...

es verdad aquel que es llamado para el altar tiene certeza de eso, y las iluciones de este mundo o los bienes no nos hacen cambiar de decision de lo que realmente queremos y por lo que vamos a hacer para toda nuestras vidas, Ganar almas para Jeus.
Es una historia muy linda y nos deja un aprendisaje muy bueno de renuncia para hacer la voluntad de Dios

rosario martinez dijo...

Me encanto servir al Señor Jesus siempre va a ser la mejor eleccion de todas...

TANIA dijo...

Un ejemplo verdadero Señora, el no cambiar el llamado por ninguna cosa en este mundo, esa es la buena parte la que no nos será quitada.

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