¿Cuántas veces al día entramos en la presencia de Dios y queremos que él escuche nuestras quejas y problemas?
"Dios mío, contéstame, ¿el Señor no está viendo mi angustia, la humillación que estoy viviendo? No entiendo por qué el Señor no me oye. "
Creo que esta frase ya salió de tu boca alguna vez, ¿no?
Pero la pregunta es, ¿cuándo nos detenemos a escuchar la voz de Dios para escuchar lo que tiene que decir, cuál es su voluntad para nuestras vidas?
Vamos a tomar el tiempo para dejar que Dios hable, si escuchásemos más y reclamásemos menos, tendríamos la respuesta que tanto queremos.
Dios habla a través de Su palabra, del pastor, de las personas de Dios, incluso a través de una situación, pero como estamos distraídas, muchas veces somos incapaces de escuchar Su voz, o peor, nos hacemos las sordas porque en realidad no queremos obedecer.
Y si nuestros oídos están tapados, aunque Dios grite, o use varias personas y situaciones para hablar, no podremos escucharle.
Por eso tantas dudas, confusión, incertidumbre y decisiones mal tomadas.
Para y escucha lo que Dios tiene que decir, tu respuesta está allí, si realmente quieres hacer Su voluntad y no la tuya.
“Escucharé lo que hablará el Señor;
Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos,
Para que no se vuelvan a la locura.” Salmos 85:8
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