
A veces mandas a tus hijos que hagan cosas que tú misma no practicas, por eso son palabras vacías que no aportan ningún resultado. Entonces dices:
"No puedes mentir, si yo sé que mientes a mamá, voy a ponerte de castigo."
Pero tu hijo ve que a veces te sale una mentirita.
"¿Ya hiciste tu oración antes de dormir?”
Pero él nunca te ve orando.
"No puedes fumar ni beber, está prohibido."
Pero tú lo haces todo el tiempo.
"No puedes pegar a los niños en la escuela, necesitas dominarte."
Sin embargo, él ve como en casa la madre le grita a su padre y viceversa, por lo que se convirtió en un niño nervioso y no te diste cuenta que el ambiente familiar influye en el carácter y la personalidad de tu niño.
Tu hijo tiene que ver en ti un ejemplo a seguir, de ese modo tienes plena autoridad para hablar, porque practicas lo que dices.
Son palabras acompañadas de acción y testimonio, esto es lo que funciona.
Sabemos que no hay un manual sobre cómo criar a un niño, pero con la ayuda de la Palabra de Dios y buscando su sabiduría sabes que no estás sola.
Eva como la primera mujer creada por Dios y la primera madre no tenía un ejemplo humano a seguir, no tenía a nadie que pudiera darle algunos consejos sobre cómo actuar con los niños, qué hacer en cada situación o qué actitud tomar cuando su bebé llorase. ¿Ya pensaste?, ella no tenía una madre cerca, pero Dios era el modelo perfecto para Eva, como lo es para los padres que se sienten incapaces de tal responsabilidad.
No sientas miedo, madre, llevarás a cabo esta tarea, pero recuerda que tus actitudes hablan más que tus palabras.
"Instruye al niño en el camino que debe seguir, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6
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