lunes, 29 de noviembre de 2010

Cuando Dios escoge a su otra mitad 5:


Mi nombre es Bianca, tengo 29 años y soy parte de la IURD desde los 3 años de edad, prácticamente crecí en la iglesia universal y estuve casi toda mi vida dentro de la IURD. Puedes pensar que mi vida era un cuento de hadas, ¡pero no fue así!
Siempre he estado muy involucrada con las cosas de la obra: formaba parte del grupo de jóvenes; la evangelización; la limpieza; candidatos a obreros y por último, mi pasión que era la EBI (usted comprenderá porqué).
Desde joven siempre he tenido muchas responsabilidades dentro de la iglesia, tales como: fui obrerita en la EBI, maestra, líder del grupo de jóvenes, me hacia cargo de la cafeteria (en aquel momento había), encargada de la librería, hacia núcleos, etc. Mi vida se resumía a la obra de Dios, pero un día, como es costumbre en la IURD hubo cambio de pastor y su esposa era muy diferente de la anterior, porque la otra cuidaba mucho de la escuelita y nos daba mucha atención, y cuando somos niñas en la fe siempre necesitamos el apoyo de alguien (como una muleta) y en realidad eso era yo, una niña en todos los sentidos, incluso porque tenía 13 años, la infantilidad reinaba en mi vida espiritual. Cuando conocí a la esposa del pastor nuevo, extrañé mucho a la de antes y me dije a mí misma, “¡Dios mío es tan diferente de la otra! Parece que no es feliz aquí.”
Un día ella llamó a todos los jóvenes que ayudaban en la EBI, yo era una de ellas, y dijo que desde ese día no podíamos ayudar en la escuelita ni hacer nada de lo que hacíamos porque para tener responsabilidades en la iglesia teníamos que ser obreras.
El mundo se me vino abajo, era como si me hubieran sacado una pierna o un brazo, parecía que alguien había muerto, estaba muy triste porque la EBI era todo para mí (justo por eso lo perdí). Nadie me había dicho que a veces Dios nos hace perder para después ganar. Yo estaba herida con la esposa y ahí empezó mi desgracia, cada día mi deseo de ir a la iglesia se desvanecía, antes estaba en la iglesia todos los días sin excepción, ahora sólo iba los lunes, miércoles, viernes y domingos. Más tarde los viernes y el domingo y, finalmente, sólo los domingos.
Cuando mis colegas me preguntaban acerca de la iglesia, les decía que tenía que estudiar mucho, y pronto llegó un trabajo que me impedía ir a la iglesia, aparecieron unos cuantos amigos muy divertidos, enviados por el diablo, que enseguida se convirtieron en mis nuevas “muletas”, sólo que esta vez utilizados por el diablo, por eso es muy peligroso depender de la ayuda humana, pues eso vicia y nunca aprendemos a depender de Dios.
Empecé a tener el deseo de salir, de ir a fiestas, cumpleaños de amigos, fiestas “inocentes”. Así que le mentía a mi madre, le decía que estaba en la casa de un amigo cuando, de hecho, me iba a los bailes. Mi forma de vestir era diferente, había cambiado la forma de hablar y principalmente de actuar. Lo más interesante fue que pensaba que seguía siendo la misma chica del pasado, llena de fe y, sin embargo, hacía casi 1 año que estaba apartada de la iglesia.
Mi mamá casi me golpeaba para que fuera a la iglesia, pero no sirvió de nada. Cuando empezó a utilizar la fe sin el sentimiento de madre las cosas comenzaron a cambiar en mi vida, pero ella no sabía que sus oraciones estaban teniendo en mí un efecto tan doloroso.
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martes, 23 de noviembre de 2010

Cuando Dios escoge a su otra mitad 4:


Mi nombre es Verlaine, cuando llegué a la iglesia estaba comprometida con un muchacho hacía 4 años. Tuvimos muchos problemas porque era demasiado celoso al punto de poner a personas siguiéndome.
Entonces empecé a luchar por él, quería que cambiara y llegara a vivir la misma fe que yo estaba conociendo. Pensé que iba a ser fácil, pues su hermana era obrera. Pero no, cuanto más luchaba, más las cosas empeoraban. Hasta que un día me dijo que eligiera entre él y la iglesia.
Sin pensarlo dos veces le dije que yo no escogía ni a él ni a la iglesia, pero sí seguir a Jesús.
Así que terminé con él, me agarré a mi fe y empecé a buscar por mí.
Pero no fue tan fácil. Cuando decidí entregarme a Dios de hecho y de verdad, apareció un muchacho en la iglesia, que se decía convertido, siempre estaba allí, y decía que yo le gustaba.
Pero el pastor dijo que no sería bueno para mi vida espiritual, que era una trampa para alejarme de Dios. Y era muy cierto, no tardó mucho, el causó un problema en la iglesia y abandonó a Jesús.
Decidí dejar mi vida sentimental en las manos de Dios, y dedicarme a las cosas de Dios.
Fui levantada a obrera y empecé a ayudar en el grupo de jóvenes.
Fue entonces cuando conocí a mi marido. Era un obrero, y comenzó a cuidar del grupo de jóvenes, nos hicimos buenos amigos.
Después de un año él comenzó a hacer la obra en el altar, y ahí fue cuando descubrimos que estábamos enamorados. Entregamos todo en las manos de Dios porque él también ya había sufrido en la vida sentimental.
Después de unos años, Dios honró nuestro sacrificio, y estamos aquí hoy, ganando almas para el Reino de Dios.
Quinto Consejo: si eres novia de alguien que no practica la misma fe y no quiere seguir a Dios, entonces piensa cuidadosamente antes de tomar un paso tan importante como es el matrimonio.
Después no hay vuelta atrás, toma tu decisión ahora.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Cuando Dios escoge a su otra mitad 3:


Mi nombre es Janaina, siempre he sido una joven carente, y muy ansiosa por mi vida amorosa, a mis doce años de edad ya estaba deprimida debido a la vida sentimental. Parece mentira, pero tan joven, ya me involucraba con hombres, incluso mayores que yo, ¡pero nunca fui feliz! Siempre he estado involucrada con hombres que en realidad sólo querían aprovecharse de mí. Cuando descubría el engaño venía la decepción de saber que estaba siendo apenas un juguete, me sentía la peor de las mujeres, pero yo estaba tan ciega que no podía oír el consejo de mi madre, que me decía que ¡sólo un hombre de Dios podría hacerme feliz!
Después de tanto sufrimiento encuentré la iglesia universal, a los 19 años de edad y comencé a buscar mi liberación. Lo que me trajo a la iglesia era una pasión incontrolada que tenía por un hombre que estaba terminando con su propia vida a causa de las drogas. Pero yo estaba ciega y no podía dejarlo por nada, incluso le mentía a mi madre diciendo que iba a la escuela, pero en realidad me quedaba con él, que no quería una relación seria pues tenía varias mujeres, y me hacía llorar porque yo le quería sólo para mí.
Dios comenzó a hablar conmigo, entonces pensé que si se entregaba a la droga y no cuidaba de sí mismo, no se amaba a sí mismo, así que ¿cómo podría amarme?
Fui buscando mi liberación, y gracias a Dios me libré de esa pasión, de toda esta angustia y depresión. Derramé mi corazón y le dije a Dios: “Mi padre querido, ya sufrí mucho en mi vida sentimental, no acepto más ser engañada por mi propio corazón, y le pido que el que ahora sea mi novio venga a ser mi marido. Si es para intentar una relación no quiero, yo quiero un hombre de Dios con el mismo objetivo que yo: ¡ganar almas!” Bueno, esa era mi única oración, y entregué en las manos de Dios, ya no estaba ansiosa porque creía que Él no iba a fallar.
No fue fácil, fui tentada de todas formas, pero yo mantuve mi fe en Dios.
Recuerdo a un muchacho que apareció en la iglesia que demostraba ser un hombre de Dios, siempre estaba en la iglesia, grupo de jóvenes, siempre estaba allí haciendo la obra, y comencé a orar con él, hablando, sólo que con el tiempo, Dios me mostró lo que había dentro de él, se enfrió en la fe y sólo hablaba mal de la iglesia, que fue injusticiado, que no tenía fuerzas para orar…, entonces yo, como había hecho mi oración, rápidamente me di cuenta de que algo andaba mal. Fue cuando le pregunté: ¿quién es la persona más importante en tu vida? Rápidamente respondió que era yo. Fue entonces cuando vi que no era la persona adecuada porque Dios estaba en segundo lugar en su vida. Me dijo que dejaría todo, hasta la obra de Dios para estar conmigo. Di gracias a Dios por haberme librado de esta relación. Ahora él está en el mundo, sufriendo, necesitado de un encuentro con Dios.
Dios me bendijo con un gran hombre de Dios, cuando le conocí, no tuve dudas, era una certeza dentro de mí de que era él. No sentía nada, pero era la persona ideal que yo buscaba, tenía mi misma fe, me amaba, me respetaba, era un amigo, Dios me bendijo con la persona correcta.
Antes de ser bendecida busqué un encuentro con Dios, porque de qué servía querer un hombre de Dios, siendo que yo no tenía este encuentro, todo iba a salir mal.
Dios escuchó mis oraciones, me guardé para mi marido, y ahora soy casada, amo y soy amada, y digo a todos que ¡vale la pena esperar a la persona adecuada!
Cuarto consejo: Olvídate de tu pasado, de las malas experiencias que has vivido. Todavía hay tiempo para empezar de nuevo.
Espera en Dios la persona especial que Él ha preparado para ti.

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jueves, 18 de noviembre de 2010

Cuando Dios escoge a su otra mitad 2 (continuación):


(continuación del testimonio de Daniela)
Se pasaron unos meses, terminé mi noviazgo y un día vi a un chico en la iglesia y hable con Dios, él es el hombre de Dios que yo quiero, yo estaba encantada. Al mismo tiempo, dije, cómo va a ser él, si utiliza dos aretes en el oído, y se viste como un joven del mundo. ¡Está atado!, dije, desvié mis ojos y nunca más lo vi.
Me hice amiga de la familia de ese muchacho, nuestras madres habían abierto un negocio y empezamos a trabajar juntos, incluso él. Nació una gran amistad y fui cuidando de él y su familia. Entró en el grupo de evangelización, fue bautizado y comenzamos a orar. El problema estaba en que aún no era obrero, las personas, mi pastor, y el obrero con quien había estado saliendo antes, me decían que tuviera cuidado. Comencé a sentir miedo, no quería sufrir más, porque quería a alguien de la misma fe, un obrero de Dios.
Ese mismo día le dije que no quería orar más, lloramos mucho, fue horrible. Pasaron unos meses y él se fue de la iglesia. Se involucró con una mujer casada y yo regresé con aquel obrero de antes. Volvimos de novios una vez más, pero me sentía muy mal, no podía con esa situación y de nuevo terminé con el compromiso, pero esta vez era definitivo dentro de mí.
Pasó un año y aquel muchacho regresó a la iglesia. Empezó de nuevo, se acercó a Jesús, entró en la clase de candidato a obrero y regresamos. Mi madre lo amaba y fue ella quien le habló de mí, pero dijo que había sufrido mucho por mí y que ahora estaba en manos de Dios. Yo confíe, vi, también, que él no estaba en la iglesia más por mí, sino porque quería a Jesús de hecho y de verdad.
Fue levantado obrero, y mientras participábamos de la terapia del amor, el pastor nos llamó al altar y bendijo nuestro noviazgo. No le habíamos pedido, fue Dios bendiciendo porque le deje a Él actuar en mi vida sentimental, sin preocuparme si iba a tardar para ser bendecidos.
Pasó un año de noviazgo, nos casamos y nació el deseo de hacer la obra de Dios en el altar, y hoy ganamos almas para Jesús donde sople el viento.
Tercer consejo: no estés ansiosa por tu vida sentimental, espera en Dios a la persona correcta y no tomes actitudes precipitadas por miedo a quedarte sola.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cuando Dios escoge a su otra mitad 2:


Mi nombre es Daniela, cuando entré en la adolescencia empecé a preocuparme por mi vida amorosa, yo sabía que no era el momento adecuado, pero como cualquier adolescente que cree que lo sabe todo, empecé de novia a los 13 años, debido a la edad no tenía madurez, discutíamos mucho por las cosas más insignificantes y eso se mantuvo durante tres años. Fue cuando conocí la iglesia universal, a causa de problemas familiares y por mi vida sentimental.
Comencé a estar firme con Jesús, evangelizaba, entré en el grupo joven, pero había una piedra en mi zapato que me molestaba, yo sabía lo que era, pero tenía miedo de terminar con mi novio pues estaba enamorada de él y tenía miedo de quedarme sola.
Fue naciendo el deseo de servir a Dios como obrera, pero ¿cómo ser obrera y salir con alguien que no estaba en la misma fe que yo, porque éramos de otra iglesia y él no quería dejar el vino viejo y conocer el vino nuevo que era la IURD?
Pasaron cinco meses, ya estaba en la iglesia, había sido bautizada con el Espíritu Santo, y dije:
“Voy a terminar, está en la mano de Dios.” Fue tan maravilloso que no sufrí, Dios lo quitó de mi corazón que ni cuenta me di.
Bueno, pasaron los meses, comencé a sentirme sola los fines de semana, tenía a Jesús, mas empezó a preocuparme de nuevo mi vida amorosa, fue cuando conocí a un obrero. Hablábamos mucho, pero no coincidíamos en nada, él no tenía una buena reputación como obrero, aún así me pidió que oráramos y yo acepté, fui levantada obrera y empezamos a salir, fue muy difícil, por la cultura, la espiritualidad, pero seguí adelante con esto y todos me decían que no funcionaría, y dentro de mi pensamiento yo decía, va a funcionar, sí, le voy a cambiar. Pasó un año..., dos años y terminamos alrededor de 5 veces, pero por pena regresaba con él pues era llevada por el sentimiento, yo sabía que no era feliz, pero para no estar sola, como dicen, “fui empujando con la barriga”.
Después de tres años comenzamos a hablar de matrimonio, compramos los muebles, hice mi ajuar, pero sentía a Jesús hablándome: “termina, no serás feliz, no te gusta lo suficiente como para casarte”, y le dije a Dios: “pero cuando nos casemos el amor crecerá” (qué engaño del diablo). Luego vino la hoguera santa, hice mi voto con Dios por mi vida sentimental y fui honesta con Dios en mi petición y le pedí que quitara de mí el miedo de estar sola y que en el momento adecuado Él trajese a la iglesia, un hombre de Dios, de carácter fiel a Él.
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Cuando Dios escoge a su otra mitad 1:

Mi nombre es Michely Rodrigo, tengo 27 años y actualmente vivo en Florida.
Mi esposo se llama Alex, y juntos estamos realizando nuestro mayor sueño: hacer la obra de Dios y ganar almas para Su reino.
Estoy muy feliz, gracias a una decisión muy importante que tomé en mi vida amorosa, hace unos años atrás.
Yo era obrera en una iglesia en Brasil, cuando conocí a un joven obrero, que según mis amigas estaba enamorado de mí.
Todo sucedió muy rápido, no tuve ni tiempo para pensar. Nuestro pastor sólo nos llamó y bendijo el noviazgo.
Yo estaba totalmente convencida de que era un hombre de Dios, después de todo, era obrero como yo.
Mi familia no me apoyaba, cada vez que él quería ir a mi casa, le daba una excusa.
Pero lo peor es cuando actuamos por sentimiento y no por fe. Pensé que todos estaban en contra de mí y de mi noviazgo. ¡Se hizo un lío en mi cabeza!
Así que, no sabiendo más que hacer, oré, busqué ayuda en Dios y la recibí.
Dios me fue mostrando detalles que incluso habían estado allí todo el tiempo, pero no los había notado.
¡Definitivamente él no era para mí!
Fue tan fuerte que poco después nuestro pastor me llamó y me dijo que sería bueno poner fin al noviazgo, porque él no daba un buen testimonio, ni cumplía con sus deberes con la obra de Dios.
No lo pensé dos veces, oí la voz del hombre de Dios y obedecí.
Un año más tarde conocí a mi esposo, Alex.
Desde que nos conocimos sólo hubo certezas, no dudas o inseguridad. Nos casamos y en el día de nuestra boda, el pastor dijo: "Ve a predicar el evangelio en todo el mundo."
Hoy hacemos el trabajo en la Florida, Estados Unidos. Estoy completamente realizada.
¡Sólo tenía que escuchar la voz de Dios, y usar la fe sin sentimiento!
Como consejo: Esté atenta a las pequeñas señales, no deje pasar por alto los pequeños detalles que muestran que la persona no es de Dios o no tiene el carácter de Dios.

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jueves, 11 de noviembre de 2010

Mi historia de amor (parte 2):


Seguí orando, él fue abriendo su corazón, comprendiendo la Palabra de Dios y yo también iba creciendo espiritualmente.
Comencé a evangelizar, aunque él no me acompañaba, fui bautizada con el Espíritu Santo y entonces levantada a obrera.
Ahora debía dedicarme a mi llamada. Pero, ¿cómo? ¿Quedarme en la iglesia todo el domingo o separar la tarde para salir con él?
Esto nunca fue una duda para mí, nunca puse a Joaquim sobre la obra de Dios, nunca dejé de ir a la iglesia o cumplir con mi obligación de obrera para quedarme con él. Después de todo era mi novio, no mi esposo y yo quería verlo como un obrero también.
Yo estaba en la iglesia todo el día y él me decía que se quedaría descansando, pero no podía porque el Espíritu Santo ya estaba cobrando de él algo más y siempre acababa yendo con el grupo para evangelizar.
Su camino de fe siguió avanzando, después de unos meses Joaquim fue bautizado con el Espíritu Santo, ahora mi milagro se había completado.

Después fue levantado a obrero y Dios empezó a usarlo de una manera sorprendente.
Fuimos obreros juntos, nos casamos el 8 de julio de 1995 y tres meses más tarde fuimos llamados a servir a Dios en el altar.
Estamos casados hace 15 años y 15 años sirviendo a Dios en el altar.
Todos los sacrificios, renuncias, y decisiones que tomé durante todo ese tiempo han sido finalmente recompensados, porque Dios es fiel, justo y verdadero, siempre honra cuando le ponemos en el lugar que debe estar: el primero.
Nota: voy a publicar una serie de artículos sobre la vida amorosa, son testimonios reales, y se titula "Cuando Dios escoge a su otra mitad."
En cada una habrá un consejo para ayudarlas.
Primero Consejo: Nunca ponga su vida sentimental o su novio, antes que Dios, no te olvides sin Dios nada sale bien.
No acepte una buena persona, quiera una persona de Dios.

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martes, 9 de noviembre de 2010

Mi historia de amor:


Llegué a la iglesia y ya era novia de Joaquim, todo era nuevo para mí, incluyendo la Palabra de Dios, nunca había leído nada de la Biblia.
Con el tiempo me di cuenta de la importancia de tener una persona a mi lado que practicase la misma fe que yo, al fin había encontrado mi camino, pero cómo incluirlo en él.
Yo tenía 16 años y estaba enamorada, Joaquim era muy respetuoso, no era tonto como los chicos de mi edad, era comprensivo, no se molestaba con mis idas a la iglesia , aparentemente no habían motivos para no continuar, pero yo ya no quería simplemente una buena persona a mi lado, yo quería un hombre de Dios y eso él no lo era.
Estaba delante de una situación complicada y decidí asumir el reto, yo no quería perderle, pero no podía aceptar que él no conociera a mi Dios.
Yo estaba dando mis primeros pasos, aprendiendo a usar mi fe, el primer ayuno que hice cuando entré en la iglesia fue por la conversión de Joaquim, para que él fuera a la iglesia y se entregara a Dios.
Recuerdo que fueron 15 días de ayuno con ese propósito, que estuvo acompañado también de actitudes.
Siempre nos escribíamos cartas el uno al otro, como lo hacen todos los novios, pero el contenido de las mías ya no era más el mismo.
Cada vez que le escribía le hablaba de Jesús, de mi fe, de todo lo que estaba aprendiendo y al final siempre le escribía un versículo de la Biblia.
Llegué al punto de cantarle algunos himnos que había aprendido en la iglesia, porque quería viera cómo todo fue maravilloso, y mira que mi voz no es nada bonita.
Luego, el milagro comenzó a suceder, él accedió a ir conmigo y yo estaba encantada, pero no fue todo tan fácil. Joaquim no acepto algunas cosas, no entendía el bautismo en las aguas, el diezmo, Dios debía ahora hacer el trabajo dentro de él, yo no podía hacer nada más.
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lunes, 8 de noviembre de 2010

El amor genuino:


Eran tiempos difíciles y días desgarradores. Los judíos eran perseguidos y asesinados por su fe.
Ella era sólo una niña, ¿cómo superar el dolor de ver morir a sus padres y hermanos porque creían en Dios?
Triste y sola, fue llevada a trabajar como esclava a la casa de una familia romana.
Hadassah fue fiel, pero su señora la maltratada día tras día. Sin embargo, ella la amaba y servía de una manera que no todo el mundo puede lograr entender.
¿Cómo amar a quien nos hiere todo el tiempo? ¿Cómo servir a aquéllos que no merecen su sacrificio? ¿Cómo después de todo, seguir comprendiendo tanta grosería y agresividad?
Esta es una pequeña parte de la historia del libro "Una voz en el viento" por Francine Rivers.
Amar a nuestros amigos y familiares es muy fácil, son personas que nos quieren.
Ser amable y cordial con ellos, en realidad, no cuesta nada.
La parte difícil es amar a quienes nos ignoran, nos tratan con indiferencia, nos hacen sentir que no somos nada.
Sin motivo alguno esa persona te hace sentir tan pequeña y tan despreciada.
Es amable con todos menos contigo, tiene paciencia con todos menos contigo.
¿Qué hacer? ¿Responder con la misma moneda, para que sienta en la propia piel el dolor del desprecio?
No, esto no es lo que el Señor Jesús nos enseñó.
El amor de Dios nos hace diferentes, y nos lleva a actuar de manera sorprendente, de un modo que el mundo considera absurdo.
Quien tiene el amor de Dios tiene una capacidad distinta de amar.

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