Mi nombre es Bianca, tengo 29 años y soy parte de la IURD desde los 3 años de edad, prácticamente crecí en la iglesia universal y estuve casi toda mi vida dentro de la IURD. Puedes pensar que mi vida era un cuento de hadas, ¡pero no fue así!
Siempre he estado muy involucrada con las cosas de la obra: formaba parte del grupo de jóvenes; la evangelización; la limpieza; candidatos a obreros y por último, mi pasión que era la EBI (usted comprenderá porqué).
Desde joven siempre he tenido muchas responsabilidades dentro de la iglesia, tales como: fui obrerita en la EBI, maestra, líder del grupo de jóvenes, me hacia cargo de la cafeteria (en aquel momento había), encargada de la librería, hacia núcleos, etc. Mi vida se resumía a la obra de Dios, pero un día, como es costumbre en la IURD hubo cambio de pastor y su esposa era muy diferente de la anterior, porque la otra cuidaba mucho de la escuelita y nos daba mucha atención, y cuando somos niñas en la fe siempre necesitamos el apoyo de alguien (como una muleta) y en realidad eso era yo, una niña en todos los sentidos, incluso porque tenía 13 años, la infantilidad reinaba en mi vida espiritual. Cuando conocí a la esposa del pastor nuevo, extrañé mucho a la de antes y me dije a mí misma, “¡Dios mío es tan diferente de la otra! Parece que no es feliz aquí.”
Un día ella llamó a todos los jóvenes que ayudaban en la EBI, yo era una de ellas, y dijo que desde ese día no podíamos ayudar en la escuelita ni hacer nada de lo que hacíamos porque para tener responsabilidades en la iglesia teníamos que ser obreras.
El mundo se me vino abajo, era como si me hubieran sacado una pierna o un brazo, parecía que alguien había muerto, estaba muy triste porque la EBI era todo para mí (justo por eso lo perdí). Nadie me había dicho que a veces Dios nos hace perder para después ganar. Yo estaba herida con la esposa y ahí empezó mi desgracia, cada día mi deseo de ir a la iglesia se desvanecía, antes estaba en la iglesia todos los días sin excepción, ahora sólo iba los lunes, miércoles, viernes y domingos. Más tarde los viernes y el domingo y, finalmente, sólo los domingos.
Cuando mis colegas me preguntaban acerca de la iglesia, les decía que tenía que estudiar mucho, y pronto llegó un trabajo que me impedía ir a la iglesia, aparecieron unos cuantos amigos muy divertidos, enviados por el diablo, que enseguida se convirtieron en mis nuevas “muletas”, sólo que esta vez utilizados por el diablo, por eso es muy peligroso depender de la ayuda humana, pues eso vicia y nunca aprendemos a depender de Dios.
Empecé a tener el deseo de salir, de ir a fiestas, cumpleaños de amigos, fiestas “inocentes”. Así que le mentía a mi madre, le decía que estaba en la casa de un amigo cuando, de hecho, me iba a los bailes. Mi forma de vestir era diferente, había cambiado la forma de hablar y principalmente de actuar. Lo más interesante fue que pensaba que seguía siendo la misma chica del pasado, llena de fe y, sin embargo, hacía casi 1 año que estaba apartada de la iglesia.
Mi mamá casi me golpeaba para que fuera a la iglesia, pero no sirvió de nada. Cuando empezó a utilizar la fe sin el sentimiento de madre las cosas comenzaron a cambiar en mi vida, pero ella no sabía que sus oraciones estaban teniendo en mí un efecto tan doloroso.
continua...






